No es una ciencia exacta, debemos encontrar el mejor indicador
Casi todas las empresas pueden separar su negocio en diferentes productos o servicios: en función de su mercado geográfico, del canal de distribución, del margen del producto, etc. Es cuando decimos que dentro de la empresa hay diferentes “empresas”. A cada una de esas líneas de negocio las llamaremos rama de actividad o simplemente “actividad”.
Es vital para la supervivencia de la empresa conocer que aporta cada una de esas actividades al Resultado, porque en ocasiones unas suman y otras restan. Si entendemos de qué modo se genera el valor podemos tomar decisiones para maximizarlo.
Cuando buscamos el resultado de cada actividad lo primero que necesitamos son sus ingresos o ventas, eso casi siempre es muy fácil porque normalmente clasificamos nuestros productos, servicios y clientes en familias y subfamilias.
Cuando analizamos gastos los clasificamos en dos tipos, directos e indirectos, los directos a una actividad son aquellos que consume completamente esa actividad, estos son fáciles. Los indirectos son aquellos que comparten varias actividades, esos gastos se tienen que repartir e imputar a cada una de ellas de algún modo, siempre buscamos el mejor indicador del consumo que cada actividad hace del gasto. Veamos algunos ejemplos:
– El arrendamiento del local de negocio: Normalmente se reparte e imputa entre las actividades por los metros cuadrados que ocupan, distinguiendo un precio diferente entre oficinas, almacén o campa.
– El contable: Normalmente su coste se imputa a las actividades por el número de asientos que produce cada una.
– El consumo de electricidad: Suele imputarse de acuerdo a la potencia máxima de la maquinaria utilizada por cada actividad.
Hay más indicadores: número de empleados, número de usuarios, número de licencias de software, de extensiones telefónicas, etc. Cuando no sabemos de qué modo repartir e imputar un gasto utilizamos la facturación, porque por defecto quien más volumen de negocio tiene más consume.
Esta es una de las partes más sensibles en la implantación de un control de gestión.
Pau Riera. Socio Director
Àmbit Assesor
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